Aquella Semana Santa

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Llego a mi casa el profesor León Ángel Ramírez Ramírez y mi mamá Elvira Moreno muy cariñosa le preguntó que, sí que quería, dulce de ñame, de yuca, de pan del árbol, de frijolito, de guandú o que, si quería chicha de maíz, cuenta Lorgia mi hermana, que el profe con su arraigado acento paisa le dijo, doña Elvira ¿no tendrá más bien un Alka seltzer?
Eso sí era semana santa, en la mañana muy temprano todos los muchachos pal rio a traer el agua y a bañarse, claro está que se tenían muchas precauciones porque en el rio podía salirle a uno la carabela.
La mayoría de oficios estaban hechos desde la semana anterior, al arroz estaba pilado, la leña hendida, los pescaos salados y ahumados, ya que en semana santa no se podía picar un árbol porque echaba sangre y por eso no se podía cortar leña.
Las chicharras también arrancaban temprano su bullicio, a los citadinos que están leyendo les cuento, les hablo de cigarras o mejor aún de los cicádidos, en fin, estos insectos en manada hacen un estruendo que para la época le daba un toque de misterio a la temporada de semana santa.
Apenas desayunaban las personas empezaba el paseo, todos salían de sus casas a visitarse mutuamente y en cada parte donde se llegaba le brindaban a uno aquella lista de manjares que mi mamá le brindó al profe, lo que pasa es que ya era viernes y desde donde vivía el profe hasta mi casa le tocaba hacer como unas 10 paradas, ya el estómago de ese cachaco lo único que pedía era un Alka Seltzer.
Yo ni cuenta me di de aquello, porque a eso de las 10 de la mañana ya los pelaos estábamos en nuestra salsa, los hermanos Chamorro en especial Ovidio y Jaime, El Morocho, Pescuezo e Litro, Pedro Juan, Nicanor y muchos más, Norbey y Yo, jugábamos a la cuarta, el chondiao, la cucurubá, bolita de cristal, al trompo, bola de trapo, etc.
Con la moneda de un peso se tiraba uno cuando le tocaba picar de primero en el tablón, esa moneda rebotaba más lejos, que en esa jugada era lo que convenía, la de dos pesos y la de cinco eran de cobre y eran más serenas, menos rebote, esas eran para jugadas estratégicas para que al ser chondiadas no corrieran.
Cuando advertí la presencia del profe era porque él exclamó “míralo tramposo”, era Ovidio con quien uno no se podía descuidar porque arreglaba el asunto a su favor, metía una cabra en el dominó, escondía una carta o como en este caso corría una ficha, imagínenselo era más tramposo que yo.
Hoy pasé por un centro comercial y había un puesto para vender dulce, la verdad es que tenían gran variedad, lo primero que miré fue las manos de la linda señorita que me atendió y de una la saqué, esto no lo hizo ella, le pregunté que si ese dulce de ñame era rayado como antes o si ahora lo licuaban y me dijo que no, que eso era como antes, era rayado para conservar las tradiciones, no sé como pude aguantarme la risa, será porque pensé que después lo fuera a tomar como una falta de respeto, menos mal que no iba con Ovidio porque creo que él no se quedaba con esa.

Julio Sánchez

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