DESPLAZAMIENTO AMBIENTAL

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Desde los tiempos de la prehistoria, el ser humano siempre ha buscado asentarse en territorios donde pueda pervivir en comunidad y proveerse de los bienes y servicios ambientales que ofrece la naturaleza, adquiriendo con el paso de los años, ciertas destrezas para actividades como la caza y la pesca, entre otras.

No obstante, la humanidad ha sufrido constantes cambios y transformaciones sociales, históricas, políticas, culturales, económicas y ambientales hasta el tiempo actual, que han puesto al hombre como eje y figura central de acciones, historias y hechos que se reescriben cada día, debido al antropocentrismo imperante hoy día en nuestra sociedad contemporánea. Es preciso entonces, que en esta época en la que vivimos se empiece a contemplar la posibilidad de dar un viraje al estilo de vida y los modelos de producción y consumo que nos han caracterizado en las últimas décadas, por la sencilla razón de adaptarnos a una fase, a mi juicio, irreversible, a la que entro nuestra biosfera y todos sus elementos y recursos biológicos, que de manera forzada ya ha suscitado y va a seguir provocando, cambios en el panorama mundial, en materia de sostenibilidad y desplazamiento ambiental por causa de lo que hoy se conoce como cambio climático.

Ahora bien, teniendo en cuenta que el cambio climático hace referencia a la variación de la temperatura en un lapso de tiempo determinado, y que dicho fenómeno es causado por los gases de efecto invernadero (Co2, Ch4, N2o, etc) conocidos como GEI, tales gases son producidos en mayor proporción por la actividad antrópica, que por la misma naturaleza en sus funciones de autorregulación. A escala global, países como los Estados Unidos, China, India, entre otros, son grandes generadores de los GEI, y en general, la mayoría de los países del hemisferio norte se han convertido en los gestores y promotores de un sistema depredador de los recursos de los países del sur, recordando y parafraseando el calificativo que le ha dado el profesor Gregorio Mesa Cuadros a estas naciones dominantes y usufructuarias de lo mejor de nuestras riquezas naturales.

Pero, infortunadamente Colombia, muy a pesar de ser una de las naciones más megabiodiversas de la tierra, como lo ha dicho la Corte Constitucional, paradójicamente, le ha apostado en sus políticas económicas a los modelos y sistemas que rigen en los países desarrollados, sin importar los costos ambientales y las externalidades negativas que producen las empresas explotadoras de recursos naturales, y que en ocasiones ha costado la vida de cientos o tal vez miles de compatriotas, sin perjuicio, de los daños a la salud que han venido padeciendo ciertos sectores de la población nacional, especialmente aquellos asentados en suelo rural, donde también subsisten algunas comunidades étnicas que ostentan una especial protección por el estado, la constitución, tratados internacionales y las leyes colombianas.

Sin embargo, tristemente, la legislación colombiana, amén de ser una de las más amplias, protectoras y reguladoras del sector ambiente y los recursos naturales, parece haber quedado en muchos casos como un saludo más a la bandera y no como letra viva que debería cumplirse a cabalidad por encima de intereses de particulares o grupos de presión que no miran más allá de sus propios intereses. Esta flexibilidad en las normas, políticas, autoridades e instituciones ambientales colombianas, es lo que ha permitido que el sector privado dedicado especialmente a la explotación de recursos naturales no renovables, como los combustibles fósiles (petróleo, carbón y gas) metales y minerales, entre otros, este causando otro problema que se suma a los ya existentes, y es el del desplazamiento por motivos ambientales.

Por lo general las empresas que se dedican a estas actividades, siempre llegan explicando y vendiendo los beneficios que trae consigo su instalación y funcionamiento en un territorio determinado, pero la mayoría de las veces omiten informar a la población de manera detallada acerca de los potenciales problemas y daños a la vida y la salud a los que se verían expuestos por el procesamiento y/o transformación de las materias primas que utilizan para su actividad económica, que termina casi siempre con emisiones contaminantes a la atmósfera, vertimientos sobre recursos hídricos aledaños a sus plantas y en algunas ocasiones con tragedias ecológicas, como derrames de petróleo en ríos y mares, como se ha visto en el último lustro y dejando en las zonas donde ejecutan sus proyectos huellas ecológicas y daños ambientales irreversibles.

A raíz de todo esto, es necesario que la población colombiana indefensa e inerme ante este sector poderoso, se levante y haga sentir su voz, a  través de los mecanismos legales que existen en nuestro ordenamiento jurídico y cuente con el acompañamiento y asistencia técnica de las instituciones públicas o privadas, ONGs y personas expertas en la materia, que son movilizadas por causas superiores, como la preservación  y conservación de nuestros valores ecosistémicos y la verdadera aplicación del principio ambiental de desarrollo sostenible, a fin de precaver escenarios apocalípticos y vislumbrar territorios desolados y abandonados, por causa de las practicas ambientalmente insostenibles de estas empresas, y que derivaría en otro problema, que podría ser aún más grave, del cual hablaremos en nuestra próxima columna, y es el relativo al desplazamiento y asentamiento informal en la periferia de las ciudades o Municipios, exacerbando y agravando una ejecución eficiente y racional de las políticas y planes locales de desarrollo socio económico y alterando indirectamente una adecuada implementación de los planes de ordenamiento territorial por parte de las autoridades de turno.

 

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